Un buen regalo no solo se abre.
Se convierte en parte de la habitación.
Algunos regalos llaman la atención durante diez minutos y luego desaparecen en una caja con todo lo demás. Los mejores se vuelven familiares. Se usan, se notan y se vuelven a sacar porque se sienten conectados con el niño.
Por eso los regalos de juguetes personalizados para niños funcionan tan bien cuando además son prácticos. El nombre de un niño puede hacer que un juguete se sienta especial, pero la utilidad es lo que lo mantiene en su vida diaria.